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LA VIRGEN DE SAN JERÓNIMO

El Museo Diocesano del Obispado de Ciudad Real exhibe, en primicia, y como “Obra del Mes”, un bellísimo lienzo que destaca entre los tesoros que cobija la exposición permanente; una pintura de grandes dimensiones  de 1841, firmada por Federico de Madrazo y Kuntz (F. de Madraza) en Roma, en el que se representa a “La Virgen de San Jerónimo”.

Esta obra ha sido cedida por tiempo indefinido por la Fundación Lola Valverde, de Daimiel. Se puede contemplar en la Sala II.

Se trata de una espléndida y exquisita obra ejecutada por el pintor, dibujante y litógrafo Federico de Madrazo (1815-1894), nacido en Roma, hijo y padre de artistas, pintor de cámara de Isabel II, director del Museo del Prado y de la Real Academia de San Fernando.

Pintor prolífico, fue uno de los artistas más internacionales y uno de los pocos representantes en España de la corriente académica. Una figura fundamental en la pintura española del siglo XIX.

Federico de Madrazo estuvo en Roma y fue en Parma donde pudo admirar la, excepcional pintura de “La Virgen de San Jerónimo” que el pintor, de una calidad exquisita, Antonio Allegri, llamado “Il Correggio” había pintado en 1527 para la iglesia de San Antonio de dicha ciudad. La impresión que a Federico de Madrazo causó esta extraordinaria pintura, rebosante de elegancia y belleza le motivó a realizar una copia de la misma que terminó firmando en Roma 1841.

El tema representado, es la presentación a Jesús, por San Jerónimo, de la traducción de la Biblia del hebreo al latín popular, según la tradición Vulgata.

Las figuras moldeadas suavemente, están dispuestas en un semicírculo alrededor de la Madre de Dios, ubicadas en un ambiente de lo más naturalista;A la izquierda de esta escena aparece la imponente figura de San Jerónimo, con pelo y abundante barba, acompañado por el león que es su símbolo iconográfico. El ángel apoya la Biblia dirigiéndose a la Virgen y al niño, como si tuvieran su consentimiento. El pergamino, la escritura antigua, todavía está apretado en la mano de Jerónimo. Cada personaje está representado absorto en su propio gesto: la Virgen tratando de cubrir, tal vez para secar al niño, mira con una suave sonrisa al bebé sentado en su regazo; El pequeño Jesús, con una mano acaricia el cabello de María Magdalena, con la otra alcanza, intrigado, la “Gran Biblia” que San Jerónimo y el ángel le muestran. Al otro lado, a la derecha aparece la bella presencia de María Magdalena que se inclina hacia el niño, casi en abandono, en un delicadísimo gesto de besar el pie del Niño Jesús, que a su vez acaricia su grueso cabello. A su espalda un cautivador angelito que se enrosca la nariz oliendo la vasija de ungüento de la Magdalena. La conexión entre gestos y miradas enfatiza el intenso vínculo entre las figuras.

Se han eliminado las arquitecturas clásicas grandilocuentes de los autores del Renacimiento, y simplemente coloca a la figuras en un bosque, pero a pesar de ello consigue esa esplendidez gracias a un dosel rojo que en una disposición diagonal, a modo de entoldado cobija a los personajes; esta composición está acentúa por el juego de colores, como el rojo de las cortinas que vuelve al manto del Santo a la izquierda, o como el amarillo dorado que reverbera del manto de la Magdalena en el libro y en el rostro del Ángel; al mismo tiempo es capaz de trabajarse con delicadeza el paisaje que sirve de fondo a la escena. Un paisaje propio de la región de la Lombardíay que de alguna manera evoca al genial Leonardo da Vinci, uno de los grandes referentes en el arte de Correggio. Esta admiración también se puede ver en los rostros de los personajes, especialmente en el de la Virgen, que llama la atención por su belleza, y por la delicadeza, casi esfumada, que es un rasgo distintivo de este autor.

Destacar también, el calor que emana de la luz que baña toda la escena o la naturalidad con la que se disponen todas las figuras, la elegancia en los gestos con los que se comunican entre sí, sus miradas, la habilidad artística para describir las texturas de sus vestimentas o la normalidad de sus cabellos.

Se trata de una obra de gran refinamiento, delicadeza del color y dinamismo, obtenido gracias a la concatenación de gestos y miradas. Impera en todo el conjunto un intenso espíritu afectivo y sentimental lleno de ternura y la gracia expresiva.

Federico de Madrazo supo comprender y captar de la pintura original de Correggio la trascendencia espiritual y la grandeza anímica de todos los personajes.

Texto: Ana María Fernández Rivero

Obra Mes de marzo (2020) Muerte de San José

Muerte de San José

El lienzo del Museo Diocesano, anónimo, siglo XVII-XVIII de 76 x 58 cm, pertenecía al Convento de Las Dominicas Alta Gracia de Ciudad Real.

La sagrada escena de la “muerte de San José” se representa en la habitación de una casa humilde donde San José, palideciendo por la vida que se aleja y clamando perdón a Cristo yace acostado en cama de elegante balaustre de madera, está acompañado de María, su esposa, a su derecha, sentada, orando y a los pies del lecho, Jesús, su hijo, que le bendice con la mano alzada elevando los dedos índice y medio de su mano derecha; José, de edad madura viste un ropón de tela blanco y está arropado con una cobija de color verde que resalta con el dosel extendido a manera de telón, de color rojo. Destacan los rasgos de la cara, de pómulos hundidos, ojos de mirada perdida, con la boca entreabierta, con barbas, y cabeza cubierta con turbante y halo de santidad, las manos juntas. Tras él, una luz celestial símbolo en las manifestación del Espíritu Santo que le acoge. En el suelo junto a la cama, se observan en primer plano la vara florida, símbolo de pureza y castidad.

Breve semblanza

San José Esposo de María y padre nutricio de Jesús. Era del linaje de David e hijo de Helí (Lucas l. 27; 2. 4; 3, 23; Mateo 1.20): habitaba en la ciudad de Nazaret y era de oficio carpintero. Los Evangelios nos lo presentan como “hombre justo y temeroso de Dios”. Desposó con María consintiendo en respetar su virginidad y, habiéndole sido revelada la maternidad de ella, por obra del Espíritu Santo, no la repudió sino que la protegió así como a Niño. La persecución de Herodes le llevó a Egipto y, al regresar se estableció de nuevo en Nazaret. Su nombre aparece por última vez en los Evangelios a propósito del episodio de la disputa del Niño Jesús con los Doctores en el Templo (Lc. 2. 45-51). Su muerte aconteció probablemente antes de que Jesús diera comienzo a su vida pública.

Iconografía

En la iconografía se le representa con el niño en brazos, y en algunas ocasiones lo lleva cogido de la mano (Maestro y conductor de Jesús en su más tierna infancia); llevando a menudo una vara florida, en alusión a la narración del Profeta Isaías (“Pero brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago” Is 11, 1) y también al Protoevangelio de Santiago, donde se relata que, habiendo María decidido consagrar a Dios su virginidad y debiendo, sin  embargo casarse, de conformidad con la ley mosaica, fueron convocados al templo un hombre de cada tribu de Israel; se decidió que sería su esposo el hombre, cuya vara, puesta sobre el altar, floreciese; prodigio que se realizó precisamente con la de San José. Otros atributos son las herramientas propias de su oficio de carpintero.

Su fiesta se celebra el 19 de marzo. Pío IX el 8 de diciembre de 1870 proclamó a San José “Patrón de la Iglesia universal”.

El tema Josefino ha gozado de gran predilección en el arte sacro, (no así el tema de la muerte). La difusión será desde la época Renacentista, gracias a la Orden de Carmelitas Descalzos, en general, y de Santa Teresa de Jesús, en particular, que además de potenciar su papel de Padre de Jesús en la tierra y su representación material del Padre Eterno, escribió páginas brillantes que sacaron la figura del padre de Jesús del anonimato y la plantó en la religiosidad popular de su tiempo.

En 1870 fue proclamado patrón de la Iglesia universal; es también patrono de los carpinteros y de los moribundos. El último homenaje se lo tributó Juan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.

Mensaje        

               Tomé por abogado y protector al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. …No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer”. Santa Teresa de Jesús (Libro de la Vida, cap. 6).

 

Texto: Ana María Fernández Rivero

 

San Sebastián

  San Sebastián

Escultura en bulto redondo realizada en madera tallada y policromada que representa a San Sebastián, del Siglo XVII, de autor desconocido, con una altura total de 130 cm. Pertenece a la Parroquia de Nuestra Señora la Virgen de la Consolación Ballesteros de Calatrava. La talla está expuesta en el Patio (Sala III) del museo.

Biografía

Sebastián, hijo de familia militar y noble, nació en las Galias y fue educado en Milán. Centurión de la primera cohorte en tiempos de Diocleciano, convertido al cristianismo, aprovechó los momentos más adecuados para socorrer a aquellos que se encontraban recluidos en las cárceles. Por preferir la milicia de Cristo el emperador mandó que lo sacaran al campo, lo ataron a un árbol y los soldados lo mataron a flechazos clavando en su cuerpo tal cantidad de dardos que lo dejaron convertido en una especie de erizo (Santiago de La Voragine “La leyenda dorada”), pero sobrevivió. Al volver a dar testimonio de su fe, fue azotado hasta la muerte. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia (s. IV), en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián (Martirologio romano Vida de San Sebastián).

El culto a San Sebastián es muy antiguo; es invocado contra la peste y los apestados, después de que, según menciona Pablo Diácono, cesara una peste padecida en Roma en 680 tras ser invocada su intercesión, milagro por el que fue nombrado patrono de Roma, junto a San Pedro y San Pablo, siendo trasladadas sus reliquias desde las catacumbas que llevan su nombre hasta la iglesia de San Pietro in Vincoli.

Existe otra teoría según la cual, el pueblo representaba la peste como una lluvia de flechas, al haber sufrido el asaetamiento y haber salido ileso del mismo, sus devotos pensaron que podría hacer lo mismo con ellos.

En este sentido, compartió en la cristiandad su función de protector de la salud junto a san Roque y san Antón, convirtiéndose a su vez en patrono de numerosas poblaciones (se celebra el día 20 de enero).

Su culto aparece recogido en el Calendario de Cartago, en el Sacramentario Gelasiano y en el Santoral Gregoriano. Asimismo, por su defensa de la fe, el papa Cayo le otorgó en el siglo III el título de Defensor de la Iglesia.

Además es llamado el Apolo cristiano ya que es uno de los santos más reproducidos por el arte en general; entre ellos cabe destacar la escultura de Alonso Berruguete conservada en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid y la pintura de El Greco “El martirio de san Sebastián”, en el Museo catedralicio de Palencia.

 Iconografía

La escultura expuesta en el museo, nos muestran al santo en pie, amarrado al árbol y sirviendo de diana a los arqueros, su posición es básicamente frontal y nos muestra el episodio más conocido de la vida del santo, su primer martirio.

La talla está concebida y ejecutada con gran delicadeza, presentando al santo dotado de una serena belleza juvenil a manera de apolo cristiano, aparece desnudo bien proporcionado y buena anatomía, atado al tronco de un árbol (Guarda paralelismo con la pasión de Cristo, Cristo atado a la columna) en el momento que sufre el martirio de ser asaetado, siguiendo una iconografía tradicional desde el Renacimiento; de pie, sostenido y atado por la muñeca del brazo izquierdo a un tronco de árbol de base gruesa, con varios nudos. Sus pies están apoyados en las raíces o base del tronco del árbol, ello se debe a que en estas primeras representaciones se instalaba un pequeño soporte al pie del poste al objeto de elevar la figura del santo de la de los arqueros que se mostraban junto a él. Recubierta con una fina capa de yeso, y policromada en tonos marrones, verdes y rojiza. Por encima se recubre parcialmente con un baño de plata corlada.

Se cubre con un paño de pureza, policromada, en tonos azules, blancos y amarillos, marrones, dispuestos en bandas verticales.

Distribuidos por todo el cuerpo aparecen pequeños orificios sangrantes, en los cuales se situarían las flechas (se relacionarían con las llagas del cuerpo de Jesús).

El santo mantiene una expresión impasible al dolor, levantando la cabeza para dirigir al cielo sus ojos confiados en la esperanza Divina. De frente pequeña, cejas finas, pintadas ojos también pintados, de forma ovalada, elevados, nariz pequeña y chata boca cerrada enrojecida. El tono de su tez es lívido, con toques rosados, sobre todo en las mejillas.

Todos estos detalles y la estilización anatómica dotan a la imagen de una belleza y vida interior que provocan en el espectador ternura y compasión.

Mensaje

…”San Sebastián nos muestra que, además de los perseguidores que se ven, hay otros que no se ven, peores y mucho más numerosos… Hay persecuciones no sólo exteriores sino también interiores en el alma de cada uno”. San Ambrosio

Niño Jesús de La Pasión

Niño con calavera

La talla del Niño Jesús es una primorosa imagen de bulto redondo en madera policromada del siglo XVII, que mide 31 x 26,5 cm, pertenece al Convento de Carmelitas Descalzas de Daimiel (Ciudad Real) y es atribuido a Salzillo (según la tradición del convento).
Pertenece al género del arte de convento de monjas.
Típica representación barroca del Niño Jesús dormido con atributos de la Pasión. El Niño Jesús, sedente, está inocentemente dormido o en actitud meditativa, apoya la cabeza (de expresión dulce y lírica) sobre la mano derecha, reposando el codo sobre unas rocas, las cuales a su vez, reposan sobre una especie de puente bajo el cual se representa una escala. Con la mano izquierda, y sobre la rodilla, sostiene una corona de espinas. Está vestido con una túnica color rojizo sujeta a la cintura mediante un cordón, por debajo de la túnica roja pueden verse ambos pies, desnudos. El pie derecho lo apoya sobre una calavera (tiene una doble lectura, pues alude a la muerte humana de la que Cristo se muestra vencedor, y también al Gólgota, Monte de la Calavera, y escenario luego de la Crucifixión).
La talla, a pesar del pequeño formato, está dotada de la naturalidad y delicada elegancia que poseen las obras de Salzillo.

Iconografía
Tras el Concilio de Trento (1545-1563) el arte cristiano acentúa la inocencia infantil de un Jesús humanizado, incorporando a las representaciones de la infancia prefiguraciones de la futura Pasión en las que se combina la ternura infantil con el componente trágico que supone el drama pasionario. De esta manera en la iconográfica del Niño Jesús de la Pasión, aparece acompañado de una serie de atributos que aluden a su sacrificio en edad adulta, amarrado a una columna, mostrando la corona de espinas o portando la cruz a cuestas, hasta las referencias explícitas a la crucifixión, como sujetando los clavos, el martillo, las tenazas o sosteniendo la cruz, incluyendo una nueva modalidad del Niño Jesús durmiente sobre el madero, una referencia a la muerte con el mismo carácter simbólico que en las representaciones en que aparece recostado sobre una calavera, en ocasiones con ambos elementos presentes.
En todos los casos el trasfondo es representar a Jesús Niño triunfante sobre la muerte y el pecado, pues del mismo modo las alusiones al suplicio de la Pasión aluden a su inminente resurrección. Ello explica la enorme difusión que estas imágenes de culto del Niño Jesús tuvieron durante el Barroco, convirtiéndose en un motivo de incitación a la meditación sosegada especialmente en las clausuras femeninas, donde ejemplares con representaciones de todas las modalidades iconográficas fueron abundantes.

Francisco Salzillo y Alcaraz (nacido en Murcia en 1707) fue un escultor barroco considerado el más representativo imaginero del siglo XVIII español y uno de los más grandes del Barroco.
Salzillo trabajó exclusivamente la temática religiosa (procesional y no procesional), y casi siempre en madera policromada.
Hombre de profundas convicciones realiza una obra de pequeño formato cuando sus fuerzas flaquean para las grandes obras, pero sin el más mínimo abandono, con todo el encanto y esa sensación de lo bonito y con toda la expresividad barroca que caracteriza su obra.

Texto: Ana María Fernández Rivero

1 de Septiembre «Santa Rosa de Lima»

El hermoso lienzo de “Santa Rosa de Lima” que destaca el Museo Diocesano como “Obra del Mes”, es una copia inspirada en la obra homónima del gran pintor religioso del barroco español Bartolomé Esteban Murillo. La obra de Murillo representa un acontecimiento fundamental de la vida de la santa: mientras trabajaba en labores domésticas, experimentó un encuentro con el Niño Jesús, quien le propuso que se convirtiera en su esposa espiritual.
La Santa, fue canonizada el 15 de abril de 1668, hecho de gran resonancia al ser la primera santa de origen americano. En Sevilla causó un profundo impacto ya que las relaciones con Perú eran muy estrechas gracias a los monjes y monjas dominicos. Angulo considera que la obra estaría relacionada con el ingreso de Francisca María, única hija de Murillo, en el convento dominico de la Madre de Dios durante 1671.

La espléndida pintura, localizada en la Sala II del museo Diocesano, firmada por Asunción Morales y fechada en 1863, es un óleo sobre lienzo, montado sobre bastidor de 167 x 11 cm, propiedad de la Comunidad de PP. Dominicos de Almagro; es de muy buena factura y hermoso colorido. Representa a Santa Rosa de Lima con el Niño Jesús. Fue restaurado en el taller de las monjas Mínimas de Daimiel.

La Santa, arrodillada, está representada en el jardín del convento en el momento en el que se le aparece el Niño Jesús, con hábito dominico, contempla arrobada al Niño Jesús, que sentado en una almohadilla sobre el cesto de la costura, alza las manos hacia la Santa en gesto acariciador con la izquierda, y con la derecha entregándole una rosa. En el suelo, junto al cesto de labor, hay un libro, posiblemente una de sus lecturas y rosas. A la derecha y al fondo se advierte un edificio, sin duda el convento, y en primer término un rosal y un árbol delante.

Las imágenes están bañadas por una luz dorada creando un espectacular efecto atmosférico, dotadas de una profunda emoción y delicadeza en su interpretación de la contemplación de lo divino desde la intensidad de la oración.

Perfil Biográfico 

Isabel Flores de Oliva; nació en Lima (1586 – 1617). Según su madre, a los tres meses, su rostro se iluminó como una rosa, éste es considerado su primer milagro, por lo que la empezó a llamar Rosa. Tuvo 12 hermanos.

Desde su niñez se sintió atraída por la vida religiosa. Oraba, ayunaba y hacía sacrificios identificándose con la pasión de Cristo. Creía que así ayudaba a reparar los pecados de la humanidad.

Santa Rosa de Lima O. P. fue una mística cristiana terciaria dominica que consagró su vida a la atención de los enfermos y niños y a las prácticas ascéticas, extendiéndose pronto la fama de su santidad. Cultiva el huerto de casa y trabaja en costura. De esta forma ayuda al sostenimiento de su familia que pasaba estrecheces económicas. Rosa se caracterizó por su humildad, sencillez, obediencia, caridad y paciencia.

Murió a los 31 años de edad y fue canonizada por el Papa Clemente X en 1671 convirtiéndose en la primera Santa de América.

La Santa, nos revela en sus escritos que… la mortificación es necesaria para ser saciados por el Espíritu de Dios, para vivir orientados por el Espíritu Santo, para renovar la faz de la tierra a partir de uno mismo. Frente a sus prójimos es una mujer comprensiva: disculpa los errores de los demás, perdona las injurias, se empeña en hacer retornar al buen camino a los pecadores, socorre a los enfermos. Se esfuerza en la misericordia y la compasión. 

Descripción Iconográfica

“Santa Rosa” tenía gran fervor a Jesús y los milagros que realizaba los hacía con la ayuda de una imagen de Jesús, a quien llamaba “Niño Doctorcito” por ello siempre la acompaña, además tiene como atributos rosas que lleva en la mano o recibe de Jesús, pero sobre todo el hábito de Dominica de túnica blanca y manto negro; también el libro Sagrado, de lectura (cada día Rosa recitaba la siguiente oración: “Señor, ayúdame a conocerte y amarte, y enséñame a leer y escribir”). Propaga incansablemente el rosario considerando que todo cristiano “debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón”, lo lleva colgado al cuello (símbolo inseparable de los dominicos).

La tradición cuenta que cuando se propuso su canonización, el Papa Clemente X, respondía que no creería en la santidad de una india, y dijo: “¡Hum! ¡Patrona y Santa! ¿Y Rosa? que llueva flores sobre mi escritorio si es verdad”. Apenas hubo nombrado esas palabras, una fragante lluvia de rosas cubrió el Vaticano y la mesa de su escritorio… quien en ese momento procedió a la canonización de la santa limeña. Siendo la primera en recibir el reconocimiento canónico de la Iglesia católica.

La Santa limeña es protectora de Sudamérica y, sobre todo de Perú y Lima; es también patrona de las Dominicas y, a causa de su nombre, de los jardineros y las floristas. Además, es patrona de institutos educativos, policiales y armados. En virtud de la enfermedad que le produjo la muerte, es santa patrona de los tuberculosos, de las enfermeras, Cáritas de Lima y de los mineros.

La fiesta litúrgica de santa Rosa de Lima es el 23 de Agosto.

Sobre su persona se han escrito cerca de 400 biografías. Mas de mil rostros en lienzos, estampas y esculturas, hechos entre otros, por artistas como Zurbarán, Teófilo Castillo, Angelino Medoro, Daniel Hernández, Francisco González y Sérvulo Gutiérrez.

Mensaje

…Cuando servimos a los pobre y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos dejar de ayudar a nuestros vecinos porque en ellos servimos a Jesús.

 

Texto Ana María Fernández Rivero

Mes de Julio

VIRGEN DEL CARMEN

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La “Virgen del Carmen” es una de las advocaciones marianas más antiguas de la que se tiene conocimiento, comienza su historia en los relatos bíblicos, en el libro de Reyes, en época del profeta Elías, quien acudía al monte Carmelo. Las excavaciones han demostrado que ya desde el siglo III d.C. griegos cristianos se establecieron como eremitas en el área del Monte Carmelo (en Israel), nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem “jardín”. En el siglo XII construyeron una pequeña iglesia y la dedicaron a la Virgen María, tomando el nombre de “Hermanos de Santa María del Monte Carmelo”.

Los Carmelitas abandonaron el lugar de origen hacia 1235 a causa de las incursiones y persecuciones de los sarracenos y volvieron a su patria llevando con ellos la devoción carmelita y fundando nuevos conventos. Su Regla, basada en la vida contemplativa, meditación de la Sagrada Escritura y trabajo, fue aprobada en 1247 por Inocencio IV, concediéndoles el privilegio de ser incluidos entre las Órdenes mendicantes como los franciscanos y los dominicos.
En el siglo XV y XVI la Orden Carmelita fue reformada en España por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Se tienen así dos Órdenes del Carmelo: la de «Los Carmelitas», llamados también de la «Antigua Observancia» o «Calzados», y la de «Los Carmelitas Descalzos» o «Teresianos», que consideran a Santa Teresa de Jesús como su reformadora y fundadora.
El día de la Virgen del Carmen conmemora la aparición de la Virgen a San Simón Stock, quien había rogado por que le ofreciera un don especial. Le fueron entregados los escapularios que usaría su orden de allí en adelante. Según es tradición la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo. Desde entonces la devoción se extendió entre los fieles. Su fiesta fue decretada universal en toda la Iglesia por el Papa Benedicto XIII en 1726.

Descripción

La talla se localiza en la Sala II del museo Diocesano, es de gran calidad y repite el modelo iconográfico característico: la Madre joven de serena belleza con el Niño en brazos, de tierna mirada. La escultura en bulto redondo de madera dorada y policromada, de 108 x 66 cms, anónima, del siglo XVIII. Pertenece a la parroquia Virgen de Gracia de Puertollano (Ciudad Real).

La bella imagen mariana, representa a la “Virgen del Carmen”, sobre una peana octogonal, de pie, sostiene en su regazo al Niño Jesús con la mano izquierda (punto de vista de la figura), mientras que con la derecha muestra el escapulario (hoy perdido). Es de una gran plasticidad, provocada por el contraposto de su cuerpo, y la riqueza de los pliegues del manto que viste. La virgen lleva una corona adornada con una pequeña cruz. Se pinta en dorado, con decoración de piedras, granates y verdes. Viste un rico manto, abrochado sobre el pecho, de tonos verdes azulados, estampado con decoración vegetal y dorada.

La figura del Niño que es contemplado con cariño por su Madre, se representa desnudo, sentado sobre el costado izquierdo de la Virgen, inclinándose hacia la derecha. Coronado, de cabeza alargada, y cuerpo rollizo. Extiende el brazo derecho, señalando el pecho de su Madre. El brazo izquierdo queda flexionado por el codo, sujetando con la mano algún objeto hoy desaparecido.

Iconografía

La iconografía de la Virgen del carmen, se remonta hasta el siglo XIII, proveniente del templo del Monte Carmelo, y hasta nuestros días ha evolucionado en las formas que hoy conocemos, siempre presente la maternidad virginal que acoge al niño Jesús en su regazo.

La obra estudiada se identifica claramente desde el punto de vista iconográfico como la “Virgen del Carmen”, al llevar como atributo en la mano derecha el escapulario que fue el que le entregó a San Simón, hoy perdido y cubierta por un manto que simboliza la protección de María a la Orden.

La palabra “escapulario” viene del Latín «scapulae» que significa «hombros»; al ser un sacramental, nos dispone al amor a Dios y a la verdadera contrición del pecado si lo recibimos con devoción. En su origen era un delantal que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo, simbolizando ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros.  Además de la protección de la Madre de Dios a sus devotos y un signo de su consagración a María.

La virgen del Carmen es una de las más aclamadas por el fervor católico. Ha sido nombrada patrona de muchísimas ciudades a nivel mundial, sobretodo en Europa. Estas localidades celebran fervientemente unas festividades en su nombre los 16 de Julio de cada año. Abogada del Purgatorio y Patrona de las gentes del mar.

España es uno de los países donde más arraigada se encuentra esta advocación; los pescadores han nombrado a la Virgen del Carmelo su fiel protectora (es conocida como «la estrella de los mares» (Stella Maris); y, además, la Marina Española le ha concedido el título de Patrona. Por esta razón, la Virgen del Carmen También considerada reina y patrona en países de América del Sur.

Ha sido fuente de inspiración para los artistas de todos los tiempos, comenzando por Masaccio en el Trecento italiano hasta Goya, pasando por Velázquez, Murillo, Gregorio Fernández, la Roldana y el Tiépolo en Venecia. Ninguna advocación mariana en la Iglesia Santa de Dios presenta tantas facetas inspiradores para el arte como Ntra. Sra. del Carmen.

 Mensaje

                              «La devoción del escapulario del Carmen ha hecho descender sobre el mundo una copiosa lluvia de gracias espirituales y temporales” (Pío XII, 6-VIII-1950)

Texto: Ana María Fernández Rivero

 

Mes de Mayo

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«LA VIRGEN DE LA PAZ”

La “Virgen de la Paz” una pequeña escultura de rasgos románico-góticos pertenece a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Consolación de Ballesteros de Calatrava (Ciudad – Real).
Las primeras noticias que tenemos de ella son de 1575 escritas en las Relaciones topográficas de Felipe II:
… En Roldán que es la dehesa de la Encomienda hay una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Paz a la que se le tiene mucha devoción y en nuestros tiempos se la ha visto hacer milagros…
Desde esta fecha no existen noticias relevantes hasta que en el año 2017, con motivo de una exposición que preparaba la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación para la conmemoración del IV centenario de la muerte del Beato Fernando de Ayala, patrón de Ballesteros de Calatrava, se descubrió la “Virgen de la Paz”, de características románico-góticas bajo las vestimentas de la que hasta ese momento fue la “Virgen de la Esperanza”, una imagen vestidera de mayores dimensiones, brazos y pelo natural que se exponía al culto en una de las naves de la iglesia.

Rasgos estilísticos e Iconográficos

La talla de “La Virgen de Paz” ( la Virgen María con el Niño Jesús) en madera dorada y policromada de 70 cm de alto, correspondería iconográfica y estéticamente con la tipología de Virgen románico-gótica, con rasgos más característicos del periodo gótico, según los modelos iconográficos que llegaban a Occidente desde Bizancio aproximadamente entre los s. XII al XIV.

En esta época de transición la imagen muestra características románicas tales como los ropajes de la Virgen, tallados con pliegues muy rectos y geométricos, y la mano del Niño Jesús, desproporcionada con respecto al tamaño del cuerpo, quizás para resaltar la importancia de su bendición y por tanto su carácter sagrado, recordemos que la importancia de las imágenes era simbólica y conceptual.
La talla muestra a Nuestra Señora en Magestad como trono del Niño siguiendo la tradición iconográfica románica de la Theotokos; Sin embargo, su tardía cronología dentro del estilo, ya entrando en el periodo Gótico, se manifiesta en la colocación del Niño sobre la rodilla izquierda de la Virgen y ligeramente ladeado rompiendo con ello la simetría y frontalidad de las imágenes románicas anteriores. Con la mano derecha (actualmente desaparecida en esta imagen) podía señalar al Niño (señalando al espectador el camino de la salvación) o podía ofrecer una flor o fruto como alegoría de la nueva Eva. Suele presentar un aire más dulcificado por la sonrisa de la Madre y hay una mayor búsqueda de belleza sentimental. El Niño normalmente bendecía con una mano y con la otra sostenía un libro (símbolo de la divina sabiduría de Cristo) o una esfera (símbolo de poder y eternidad) y con los pies desnudos.
La Virgen está sobre una base cuadrada que presenta una inscripción lateral y frontal, por lo que ya empiezan a trabajarse los laterales como una parte más del conjunto.

Por tanto, la colocación del Niño en el lado izquierdo, los gestos más dulcificados e incluso elementos más humanos como los rizos dorados del pelo y las miradas hacia el espectador, pueden hacernos avanzar un poco a la época gótica. Hieratismo, frontalidad y rigidez, a la par que rasgos más naturalistas y humanizados que marcan la transición al gótico.
Desconocemos si portarían corona en origen. Actualmente la Virgen tiene una corona de fabricación posterior y el niño no lleva corona.
Iconográficamente además de madre de Dios (Recordemos el gran fervor por estas imágenes del hombre medieval, la Virgen y el Niño infundían respeto y todos los vecinos esperaban recibir sus favores porque lo más importante de sus vidas era su fe), esta imagen representa a la “Virgen de la Paz”, cuya advocación se remonta al último cuarto del siglo XI.
…“Corría el año 1085, y en Toledo acababa de reiniciarse una encarnizada lucha por la posesión de la Catedral entre los mahometanos, que querían conservarla como mezquita, y los cristianos, que estaban decididos a recuperarla como catedral, cuando milagrosamente los jefes musulmanes decidieron devolverla a los seguidores de Cristo. Era la víspera del 24 de enero, al día siguiente con solemnes cultos la Madre de Dios era aclamada como Nuestra Señora de la Paz. Desde entonces, primero toda España y después América, fueron reconociendo con gratitud este título a la Santísima Virgen.”

Tras su restauración, en el trono de la Virgen han aparecido unas letras que sufren bastante deterioro lo que complica la legibilidad de la inscripción en su conjunto.

Mensaje

María siempre nos lleva a Jesús. Es una mujer de fe, una verdadera creyente.
Papa Francisco

Texto: Ana María Fernández Rivero

Los Museos de la Iglesia: Museos Diocesanos y de Arte Sacro

Los Museos de la Iglesia:

Museos Diocesanos y de Arte Sacro

 «Llamamos Patrimonio Cultural de la Iglesia a los bienes culturales que la Iglesia creó, recibió, conservó y sigue utilizando para el culto, la evangelización y la difusión de la cultura. Son testimonio y prueba de la fe de un pueblo. Son también creaciones artísticas, huellas históricas, manifestaciones de cultura y civilización».

Este interés de la Iglesia por su propio patrimonio histórico y artístico ha hecho que, a lo largo de los siglos, se hayan ido formando los tesoros, las colecciones y los museos de arte sacro con el fin de conservarlo y exponerlo dignamente, y a la vez salvaguardarlo del abandono y la dispersión.

Es evidente que las obras artísticas y los monumentos deben y debieran conservarse “in situ”, donde están y para lo que fueron hechas o donadas. Parece clara esta tesis. Pero pudiera darse el caso que en determinados tiempos y lugares, o con algunas obras esto no puede hacerse. Y es precisamente lo que ha venido sucediendo con algunas obras y monumento especialmente surgidos en los últimos años del siglo XIX, es entonces cuando tienen su punto de partida en diferentes iniciativas de la Iglesia “Los museos diocesanos y de arte sacro”

De este modo El patrimonio histórico-artístico que ya no está en uso habitual, y que está anticuado o que no es posible custodiar, puede encontrar en los museos de arte sacro una tutela y un uso oportuno.

La nuestra es también una época estéticamente sensible, y el arte y la arquitectura atraen y mueven a muchas personas. Así lo observó el Papa Benedicto XVI: en 2007 Recogiendo sus palabras:

                                                                         …El hombre está necesitado de belleza…
“La tarea que ha de llevar a cabo el arte es hoy una de las más importantes, la de mostrar a los hombres la belleza de Dios, uniéndola a la belleza de las cosas. No lo realiza con palabras sino con colores, pinceles, piedras, trazos, planos etc. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza”

Las obras recogidas en los museos están destinadas al anuncio misionero del Evangelio y a la catequesis, de modo que todos puedan beneficiarse de las mismas. Además están íntimamente unidos a la vida eclesial, ya que son un lugar donde los fondos existentes documentan el camino de fe que ha recorrido la Iglesia en los ámbitos del culto, la catequesis, la caridad y la cultura.

Entiendo que el museo es «un instrumento de catequesis» o una herramienta para la «pedagogía de la fe». «arte nacido de la fe, el mensaje del evangelio traducido a colores».

Desde ahí, creemos perfectamente que el Patrimonio cultural de la Iglesia tiene en su propia esencia la capacidad de expresar el Misterio y, por consiguiente, su dimensión evangelizadora. Hasta el punto de convertirse en una auténtica catequesis, como lo demuestra la historia.  

¡Cuánto saben de esto las Biblias de piedra del Románico, los muros de las iglesias, los iconos, los cantos, las pinturas, la literatura…! ¿O no son importantes las más de 4000 catedrales góticas de nuestra Europa? Y esto, con un alcance que va mucho más allá de los límites de los ambientes creyentes. El arte, como el hecho religioso, en general, ha sido y es uno de los elementos fundamentales en la configuración de los grupos humanos y de las sociedades.

Por tanto: La misión de la Iglesia es evangelizar. Es decir, dar a conocer a Jesucristo. Esta tarea la realiza por todos los medios a su alcance y a través de toda su actividad. Sin duda, uno de los medios privilegiados es el arte. En él, la carne del Verbo se hace madera, color, sonido… se hace capaz de ser percibida por nuestros sentidos y de penetrar en nuestro corazón. A lo que se le añade de manera inseparable lo propio y característico de cada época y hasta de cada lugar. El arte hace así posible descubrir y alcanzar al mismo Dios. FOTO Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “A través de la Belleza se puede conocer a Dios como origen y fin del universo. Porque Dios es Verdad, Bondad y Belleza y el hombre está creado a imagen y semejanza de Dios”.

Así pues, los Museos de la Iglesia son una institución de carácter permanente, que ella misma ha creado para la conservación, custodia, valoración, exposición y difusión de aquellos bienes histórico-artísticos que testimonian la fe y cultivan la memoria de la Iglesia. Como institución al servicio de la pastoral y de la cultura tienen, entre otros, los siguientes fines:

  1. a) Ser un espacio de conocimiento, goce artístico, catequesis y espiritualidad.
  2. b) Exponer testimonios históricos y artísticos de fe que cultivan la memoria y expresan la unidad y la continuidad de la Iglesia.
  3. c) “Facilitar al hombre contemporáneo la recuperación del asombro religioso por la contemplación de la belleza y de la sabiduría de cuanto hemos recibido de aquellos que nos precedieron en la fe.
  4. d) Fomentar la investigación sobre la historia de la comunidad cristiana mediante la ordenación museológica, la elección de las obras y su ubicación en un contexto determinado.

Es importante que destaque la naturaleza y significación de los bienes histórico-artísticos, de modo que cada obra pueda ser contemplada en relación con su función y su contexto histórico, social, ambiental y devocional, de los que constituye una peculiar expresión y testimonio.

La visita al mismo requiere una particular predisposición interior, ya que allí no solo se ven cosas bellas, sino que en la belleza de la obra de arte se nos llama e invita a percibir lo religioso, orientando los corazones, las mentes y las voluntades hacia Dios.

En Resumen:

La función de los museos religiosos se encamina a valorar y preservar tan rico patrimonio histórico-artístico, y a ponerlo a disposición de la tarea evangelizadora, Sin dejar de cumplir otra función realmente importante: preservar el patrimonio, dada la dificultad de su permanencia en los lugares para los que las obras de arte fueron concebidas y realizadas.

***

También nosotros, en Ciudad Real y dentro de su modestia, contamos con un Museo Diocesano, que pretendemos sea realmente comunicador de fe. Misión que, por las características de nuestra época, secularizada y descreída, se hace más oportuna y necesaria.

Nuestro Museo diocesano es una muestra, aunque pequeña, de ese rico patrimonio histórico-artístico, en que se ha ido expresando a lo largo de los tiempos, también en nuestra diócesis, la fe de nuestros antepasados.

Difícilmente podría entender, y explicar a las nuevas generaciones, nuestra historia y nuestra cultura quien pretendiera ignorar tan espléndida realidad. Esas expresiones significan una altísima contribución a la cultura de los pueblos, y en este caso de nuestro pueblo.

Expresa también el Museo diocesano el sincero deseo de la Iglesia de Ciudad Real de facilitar la contemplación y el estudio de estas obras, en condiciones adecuadas a cuantos sientan inquietudes por conocer, nuestra historia y nuestra cultura. Pensamos especialmente en nuestros adolescentes y en la juventud.

Así mismo, queremos tener siempre muy presente la naturaleza misma de las obras artísticas que aquí se conservan y se exponen. Son obras de arte religioso. Han nacido con una finalidad muy precisa: el culto a Dios, la veneraci6n a la Virgen y a los Santos, y la catequesis del pueblo cristiano acerca de los misterios fundamentales de la fe. Se tratará casi siempre de obras que ya, por diversas razones, no están expuestas, como en otros tiempos, a la veneración o al uso del culto. (Como ya he comentado)      

Así mismo anotar qué «Es admirable el interés de los pueblos, incluso de los más pequeños, por retener en sus iglesias lo que estiman tesoros que -ellos han recibido de sus mayores». Cada día son más sensibles a estos valores las comunidades cristianas. Es evidente que el Museo diocesano ha de entenderse siempre como un servicio que se -ofrece a las comunidades cristianas para que aquí se puedan guardar, restaurar, conservar, exponer, aunque sólo sea temporalmente, las obras de valor artístico de su propiedad.

No será, pues, un Museo muerto ni almacén, sino un santuario, donde la Fe, el respeto y el amor serán notas distintivas. Estará abierto siempre para que siga recibiendo culto en ocasiones lo que en él está depositado y expuesto.

 Texto : Ana María Fernández Rivero

Introducción a la Conferencia “Museo Diocesano del Obispado Priorato de las Órdenes Militares”

25 de marzo de 2019. Salón de Actos de la Biblioteca Pública del Estado «Isabel Pérez Valera» de Ciudad Real.

Episcopologio

EPISCOPOLOGIO DE LA SANTA IGLESIA PRIORAL DE LAS ÓRDENES MILITARES

Retratos de obispos para repasar la historia de la Iglesia Ciudadrealeña

En la muestra se presentan doce retratos: 11 en técnica de dibujo y una fotografía en color, del Episcopologio diocesano que desde 2007 adornan la Sala Capitular de la Catedral. Los dibujos fueron donados generosamente por el pintor D. Antonio López Gutiérrez al Museo Diocesano.

El encargo de la creación de estos retratos del episcopologio; palabra que procede del griego ἐπίσκοπος, obispo, y λόγος, tratado, narración; es el catálogo y serie de los obispos de la Diócesis de Ciudad Real que dejaran constancia desde sus inicios a la actualidad.

Fue 1993 cuando el artista, licenciado en Bellas Artes y catedrático de dibujo, donó 51 cuadros religiosos que enriquecerían el patrimonio del Museo (entre ellos 11 retratos auténticos y realistas del Episcopologio). Se firmó el documento de la donación en presencia del Obispo Don Rafael Torija de La Fuente, con Don Antonio Ciudad Serrano  director del Museo en ese momento y los padrinos del acto D. José González Lara y D. Bernardo Arias David.

                                                           Retratos de los obispos

Restaurada la monarquía en la persona de Alfonso XII, en 1875 el rey presenta preces al Sumo Pontífice pidiendo se lleve a cabo la concordada creación del coto redondo, único y nuevo territorio para la antigua jurisdicción de las Ordenes Militares y a la vez se erigiera como tal la provincia íntegra de Ciudad Real, según su demarcación civil. En consecuencia, el Papa Pio IX expidió el día 18 de noviembre de ese mismo año de 1875 su Bula «Ad Apostolicam» erigiendo en dicha provincia de Ciudad Real el Priorato de las Ordenes Militares, sujeto directamente a la Silla de Pedro, y unido perpetuamente a la Iglesia Episcopal de Dora «in partibus infidelium».

Se asignaba al Rey, como Gran Maestre, la facultad de nombrar al Obispo Prior, el cual, una vez cruzado, armado caballero, debía ser propuesto a la Santa Sede para que fuera consagrado Obispo.

El Prior tenía su sede en Ciudad Real, en la Iglesia de Santa María del Prado, consagrada el 26 de mayo de 1967, y declarada Basílica Menor el 25 de febrero del mismo año.

El territorio de la diócesis coincide exactamente con el de la provincia de Ciudad Real. Se creó sobre la base de territorios dependientes de la Archidiócesis de Toledo y de las órdenes militares de Calatrava, San Juan y Santiago. Por esta razón el obispo de Ciudad Real ostenta el título de prior de las órdenes militares.

El día 4 de febrero de 1980, por la Bula Constat Militarium, ejecutada por el Nuncio Apostólico Mons. Innocenti, el día 5 de marzo de 1981, Su Santidad el Papa Juan Pablo II elevó a Diócesis, sufragánea de Toledo, la Prelatura Cluniense o Priorato de las Órdenes Militares. Le dio el nombre de DIOECESIS CIVITATIS REGALENSIS. Y nombró como primer obispo al entonces Prelado Cluniense Mons. D. Rafael Torija de la Fuente, que queda desvinculado de la Iglesia titular de Dora, pero conserva el título de Prior de las Órdenes Militares, por razones históricas.

La misma Bula eleva a Iglesia Catedral la antes Prioral de Santa María del Prado, y el Cabildo Prioral a Catedral, sin prejuzgar sus vínculos honoríficos con Las Órdenes Militares.

La promulgación solemne de la Bula tuvo lugar en la Catedral, el día 19 de marzo de 1981. El territorio de la Diócesis, como el de la antigua Prelatura, coincide con el de la provincia de Ciudad Real. Mide 19.741 kms. Y alberga una población de 476.633 habitantes.

Es patrono de la Diócesis Santo Tomás de Villanueva.

OBISPOS QUE HAN REGIDO LA PRELATURA DE CIUDAD REAL

  1. D. Victoriano Guisasola y Rodríguez, obispo de Teruel. Del 28 de mayo de 1877 al 15 de abril de 1882. Trasladado a Orihuela.
  2. D. Antonio-María Cascajares y Azara, preconizado el 21 de marzo de 1882. Desde el 21 de junio de 1882 hasta el 14 de abril de 1884. Trasladado a Calahorra.
  3. D. José-María Rancés y Villanueva, preconizado el 7 de junio de 1886. Desde el 20 de octubre de 1886 hasta el 11 de febrero de 1898. Trasladado a Cádiz.
  4. D. Casimiro Piñera y Naredo, obispo Administrador Apostólico de Barbastro. Desde el 16 de marzo de 1899 hasta el 28 de agosto de 1904, fecha en que falleció.                
  5. D. Remigio Gandásegui y Gorrochategui, preconizado el 27 de marzo de 1905. Desde el 26 de agosto de 1905 hasta e l 3 de julio de 1914. Trasladado a Segovia.
  6. D. Javier lrastorza y Loinaz, preconizado el11 de julio de 1914. Desde el 7 de enero de 1915 hasta el20 de enero de 1923. Trasladado a Orihuela.
  7. D. Narciso Estenaga y Echevarría, preconizado el 14 de diciembre de 1922. Desde el 9 de agosto de 1923 hasta el 22 de agosto de 1936, fecha en que fue asesinado. Fue beatificado el 28 de octubre de 2007, junto a otros 497 mártires españoles de l S. XX.
  8. D. Emeterio Echeverría y Barrena, preconizado el 21 de diciembre de 1942. Desde el 13 de abril de 1943 hasta el 23 de diciembre de 1954, fecha en que falleció.
  9. D. Juan Hervás y Benet, obispo de Mallorca. Desde el 8. de mayo de 1955 hasta el 2 de octubre de 197 6. Renunció por enfermedad, y falleció el 6 de junio de 1982.
  10. D. Rafael Torija de la Fuente, desde el 6 de noviembre de 1976 hasta el 20 de marzo de 2003. Renunció por edad.
  11. 11 D. Antonio-Ángel Algora Hernando, obispo de Teruel y Albarracín desde 1985 a 2003. Desde el 18 de mayo de 2003 .
  12. D. Gerardo Melgar Viciosa, obispo de Osma-Soria desde el 1 de mayo del 2008 hasta 21 de mayo de 2016 que toma posesión en la diócesis ciudadrealeña y la rige en la actualidad.

Para aventurar una visión sintética, según nos testimonia D. José Jimeno, en “Cien años del Obispado Priorato de Las Órdenes Militares” decir que los cuatro primeros forman el equipo constituyente de la Diócesis, porque dedicaron sus afanes preferentes a organizarla, y están vinculados por la persona del Obispo Piñera, que cierra la serie, y que fué, en sus diversos cargos de gobierno, el lazo de continuidad de los tres predecesores.

Gandásegui e Irastorza, colaborador y sucesor el segundo del primero, constituyen otra unidad, caracterizada por el apostolado social y agrario católico.

Estenaga y su sucesor Echeverría están unidos y separados por la gran prueba de 1936-39. El primero, hombre de gran cultura, dió el supremo testimonio de la fe mientras su Iglesia era destrozada. El segundo, el hombre sencillo y constante, trató de reconstruir las ruinas y hacer fructificar la semilla sembrada con la sangre de su antecesor.

Del Dr. Hervás, creo que hay una palabra que lo define como ninguna otra. Es el hombre de los Cursillos de Cristiandad, que llevó este método apostólico a todos los confines del orbe.

El 2 de octubre de 1976, al aceptar el Santo Padre la renuncia de Mons. Hervás al Obispado Priorato de Ciudad Real, nombró para sucederle a Mons. Rafael Torija, que tomó posesión el 6 de noviembre del mismo año. El 4 de febrero de 1980, al elevar a Diócesis la Prelatura Cluniense, fue desvinculado de la Iglesia titular de Dora y nombrado Obispo residencial de Ciudad Real. Conservó el título de Prior de las Órdenes Militares, unido en adelante al Obispo de Ciudad Real; Obispo Delegado de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y Consiliario General de la Acción Católica. Es obispo emérito desde 2003, cuando le sucedió Don Antonio Ángel Algora Hernando como obispo de Ciudad Real; En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar desde 1990 y dentro de esta Comisión, el responsable de la Pastoral Obrera. Desde el año 1993 hasta el año 2017 ha pertenecido al Consejo de Economía. Además ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (1987-1999) y de la “Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia”.

El 8 de abril de 2016, el papa Francisco, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad, nombró obispo de Ciudad Real, al Excmo. Y Revdmo. Sr. D. Gerardo Melgar Obispo de Osma-Soria. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia; de su Magisterio episcopal, pueden destacarse numerosas Cartas pastorales.

Desde la toma de posesión de D. Gerardo Melgar hay dos obispos eméritos en nuestra Diócesis: D. Rafael Torija y D. Antonio Algora. 

Texto: Ana María Fernández Rivero

Bibliografía

» Cien Años del Obispado Priorato de Las Ordenes Militares». J. Jimeno L. Higueruela, M. Corchado. Instituto de Estudios Manchegos, 1977

SANTUARIOS MARIANOS Y SUS PAISAJES

thumbnail_IMG_20180425_114646El Museo Diocesano de Arte Sacro del Obispado Priorato de Las órdenes Militares de Ciudad Real presenta este mes de Mayo “Mes de María” una muestra de cuadros de algunas de las más emblemáticas ermitas y santuarios del patrimonio religioso de la provincia de Ciudad Real dedicados a María.  Son 13 cuadros los que se exhibirán en el Patio del Museo, durante los meses de mayo y junio, para que el público local como los turistas viva este mes de La Virgen.

En estos lienzos, reconocidos artistas con sus particulares miradas han inmortalizado el universo de las ermitas ciudadrealeñas; testimonios gráficos de estas pequeñas construcciones que forman parte del hermoso y rico patrimonio local.

El Museo Diocesano de Arte Sacro del Obispado de Ciudad Real por su parte, invita a disfrutar de estas bellas construcciones que sus habilidosas manos han sabido convertir en arte y agradece su generosa y desinteresada colaboración.

Trece cuadros de ermitas y santuarios de reconocidos artistas manchegos:

Antonio Iniesta Jiménez:

  • Santuario de la Virgen de La Sierra. Villarrubia de los Ojos   (Ciudad Real).
  • Santuario de La Virgen de Las Nieves. Manzanares (Ciudad Real).

Emiliano García Roldán:

  • Santuario de La Virgen de Las Cruces. Daimiel (Ciudad Real).
  • Santuario de La Virgen del Espino. Membrilla (Ciudad Real).

Francisco Sanz Maiz

  • Santuario de Nuestra Señora María Cabeza de todos Los Santos. Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real).

Vicente Martín

  • Santuario de La Virgen de La Encarnación. Carrión de Calatrava (Ciudad Real)

Matilde Fernández-Pacheco

  • Santuario de Nuestra Señora del Monte. Bolaños de Calatrava (Ciudad Real)

Rafael García Morales

  • Santuario de La Virgen de La Antigua. Villanueva de Los Infantes (Ciudad Real)

Teófilo Celestino Butini

  • Santuario Nuestra Señora de Alarcos. (Ciudad Real)

Ariel Ropero Vela

  • Iglesia Santa María La Mayor. Alcázar San Juan (Ciudad Real)

Salvador Bernalte Calzado

  • Ermita de Nuestra Señora Santísima Virgen de La Sierra. Moral de Calatrava (Ciudad Real)

Manuel Fernández

  • Santuario de la Virgen de Nuestra Señora de Las Nieves. Almagro (Ciudad Real)

Ángel Morales Olmedo

  • Santuario de Nuestra Señora de Criptana. Campo de Criptana. (Ciudad Real)

 LA BELLEZA DE NUESTROS SANTUARIOS MARIANOS Y SUS PAISAJES

Una Ermita era originalmente un lugar de oración y recogimiento que permitía a un ermitaño poder cultivar en paz su propia vocación particular. Pero para definir «santuario» de forma amplia nos remitimos al canon 1230 del nuevo código de derecho canónico: «Santuario es una iglesia o lugar sagrado al que por un motivo particular acuden en peregrinación numerosos fieles con aprobación del ordinario del lugar».

En la provincia de Ciudad Real, las numerosísimas ermitas y santuarios suelen estar ubicadas en lugares alejados de las poblaciones siendo una expresión cultural religiosa, tradicional y ancestral de un gran valor religioso para los creyentes, y muchas de ellas tienen además un indudable valor histórico y paisajístico, ya que, en ocasiones, se suelen ubicar en lugares de gran belleza paisajística.

Las Ermitas y Santuarios dedicados a la Virgen o a los santos que se veneran en nuestra provincia, son lugares de una gran devoción religiosa, aunque de estas ermitas solo algunas han alcanzado el reconocimiento de santuario porque la imagen que lo habita se muestra poderosa en obrar milagros. Es tradicional en muchas ermitas celebrar misa el día de la festividad del santo bajo cuya advocación estén, pudiendo celebrarse además romerías y festejos en su entorno.

Estas antiguas “joyas de nuestro patrimonio arquitectónico religioso” habitualmente son un pequeño templo, ubicados en plena naturaleza, en un remanso de paz y tranquilidad de nuestros campos y montes, o lugares en los que había sucedido algún hecho histórico. En ellas se encuentran imágenes, cuadros o pinturas que tienen un valor especial como testimonio de agradecimiento del pueblo de Dios por algún favor conseguido. Todas tenían en su interior objetos de valor artístico que por desgracia en muchas han desaparecido.

 Las ermitas son lugares sagrados destinados al culto y pertenecen a la comunidad católica de la localidad donde se encuentran que están sometidas a las normas litúrgicas y canónicas vigentes, que deben cumplir las finalidades y el uso para el que fueron erigidas: lugar de veneración, encuentros de convivencia, cita emotiva… Muchas de ellas son testigo de historias y leyendas que nos recuerdan la devoción de un pueblo.

Mensaje

Seamos inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús!

San Pío de Pieltrecina

 Texto: Ana María Fernández Rivero