Niño Jesús de La Pasión

Niño con calavera

La talla del Niño Jesús es una primorosa imagen de bulto redondo en madera policromada del siglo XVII, que mide 31 x 26,5 cm, pertenece al Convento de Carmelitas Descalzas de Daimiel (Ciudad Real) y es atribuido a Salzillo (según la tradición del convento).
Pertenece al género del arte de convento de monjas.
Típica representación barroca del Niño Jesús dormido con atributos de la Pasión. El Niño Jesús, sedente, está inocentemente dormido o en actitud meditativa, apoya la cabeza (de expresión dulce y lírica) sobre la mano derecha, reposando el codo sobre unas rocas, las cuales a su vez, reposan sobre una especie de puente bajo el cual se representa una escala. Con la mano izquierda, y sobre la rodilla, sostiene una corona de espinas. Está vestido con una túnica color rojizo sujeta a la cintura mediante un cordón, por debajo de la túnica roja pueden verse ambos pies, desnudos. El pie derecho lo apoya sobre una calavera (tiene una doble lectura, pues alude a la muerte humana de la que Cristo se muestra vencedor, y también al Gólgota, Monte de la Calavera, y escenario luego de la Crucifixión).
La talla, a pesar del pequeño formato, está dotada de la naturalidad y delicada elegancia que poseen las obras de Salzillo.

Iconografía
Tras el Concilio de Trento (1545-1563) el arte cristiano acentúa la inocencia infantil de un Jesús humanizado, incorporando a las representaciones de la infancia prefiguraciones de la futura Pasión en las que se combina la ternura infantil con el componente trágico que supone el drama pasionario. De esta manera en la iconográfica del Niño Jesús de la Pasión, aparece acompañado de una serie de atributos que aluden a su sacrificio en edad adulta, amarrado a una columna, mostrando la corona de espinas o portando la cruz a cuestas, hasta las referencias explícitas a la crucifixión, como sujetando los clavos, el martillo, las tenazas o sosteniendo la cruz, incluyendo una nueva modalidad del Niño Jesús durmiente sobre el madero, una referencia a la muerte con el mismo carácter simbólico que en las representaciones en que aparece recostado sobre una calavera, en ocasiones con ambos elementos presentes.
En todos los casos el trasfondo es representar a Jesús Niño triunfante sobre la muerte y el pecado, pues del mismo modo las alusiones al suplicio de la Pasión aluden a su inminente resurrección. Ello explica la enorme difusión que estas imágenes de culto del Niño Jesús tuvieron durante el Barroco, convirtiéndose en un motivo de incitación a la meditación sosegada especialmente en las clausuras femeninas, donde ejemplares con representaciones de todas las modalidades iconográficas fueron abundantes.

Francisco Salzillo y Alcaraz (nacido en Murcia en 1707) fue un escultor barroco considerado el más representativo imaginero del siglo XVIII español y uno de los más grandes del Barroco.
Salzillo trabajó exclusivamente la temática religiosa (procesional y no procesional), y casi siempre en madera policromada.
Hombre de profundas convicciones realiza una obra de pequeño formato cuando sus fuerzas flaquean para las grandes obras, pero sin el más mínimo abandono, con todo el encanto y esa sensación de lo bonito y con toda la expresividad barroca que caracteriza su obra.

Texto: Ana María Fernández Rivero

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